Hoy, ahora, es el momento…. La espera está a punto de
terminar. ¿Ustedes piensan en venganza? Yo pienso en saciedad. Escucho, el portón:
se abre; creo oler ese aroma que promete
terminar la penuria. ¿Penuria? Sí, penuria tal vez la mía o tal vez de otros.
No lo sé ni me importa.
Espero, sí, esta es la noche. Escucho…. mis sentidos están
alertas mis orejas atentas, no mis oídos están atentos… mi olfato no me engaña
mi cuerpo se prepara, yo venceré mía será la victoria.
Espero, sí, se acerca. Él guarda una promesa que cree será cumplida
o que piensa que así deberá ser, piensa en derecho, en propiedad. Cree tener el
poder. Pero no, el poder es mío, su suerte, su vida es mía, su destino es mío.
Pasos que resuenan, un portón que rechina silencio… que
dulce amargo es el grito silencioso. La saliva corre, parece escurrirse entre mis dientes por mi
lengua por mi boca toda o eso creo imaginar.
Un sonido sordo. Un grito que se corta en la noche, la carne
que se desgarra, el hambre que se satura, la sangre que todo le empapa.
¿Quién soy? ¿La madre que ve cumplirse su promesa de
desagravio? ¿El animal que todo lo devora? ¿Uno de esos veinte perros famélicos
atormentados y entrenados por la gringa loca? ¿Acaso importa?
La justicia terrenal y brutal se ha cumplido ya nada queda. ¿Víctima
o victimario? ¿Qué soy? La sangre del muerto se ha esparcido solo es ya pedazos
de nada.
Mi alma si alguna vez
la tuve yace desperdigada al igual que el muerto. Yo, animal hambriento,
él el condenado, ella la loca. Quizás soy los tres o nada. La brutalidad de la
muerte y el destino en el morder en el desgarrar en el tragar hasta
atragantarse nos ha mutado tres bestias en una, muertas ante la nada que deja
el último aliento cuando todo se ha consumado; hasta que una nueva presa cruce
el portón y todo vuelva a comenzar: Hoy, ahora, es el momento…
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