INSTRUCCIONES PARA DAR LÁSTIMA...
Antes
de ir a visitar el hogar de un allegado, sentarse en una silla durante quince
minutos a pensar en todos los motivos que han hecho miserable su vida. Dejar atrás
todo vestigio de sonrisas que puedan guardar inconscientes ganas de ser feliz.
Memorizar
uno a uno aquellos detalles desoladores que hagan que su vida más horrorosa y
angustiante que la imagen de un niño al que los huesos le carcomen la piel por
falta de alimento.
Partir
al lugar que se visitará, acordándose que la vida y todo lo que en ella sucede
no es más que desgracia tras desgracia.
Llegar
a destino con cara de desesperación, como huyendo de alguien, con los pelos
alborotados y hablar en medio de sollozos que le rasguen el pecho y corran una
carrera interminable hasta llegar a aturdir a quien lo está recibiendo y escuchándolo,
envolviéndolo en una oscuridad confusa e
impenetrable.
Tranquilizarse
y explicar que nada tiene sentido, que cada lugar que se pisa se en entristece y
matiza en tonos grises u opacos.
Finalmente,
esperar gestos de consuelo y esa palabra tan ansiada que es “pobrecito”, que
hace saber que ya ha ocurrido lo querido: “dar lástima”. Ahora puede volver
feliz a su hogar, sin que las flores se marchiten al pasar y hasta, increíblemente,
con la capacidad de reír.
ORTIZ, HORACIO ALEXIS (EDEM Nº 203: 5 “C”)
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